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Sobre medir la Belleza

Se cuenta popularmente que el gran maestro Shukracharya, que escribió algunos de los tratados de arte más importantes, así como otros Shastras, había resuelto encontrar el secreto de la Belleza. No la belleza mundana, o las cosas bellas, sino la Belleza con mayúsculas, aquello que hace bello a un ser, en la convicción de que esto le ayudaría a encontrar a Dios. De este modo, estudió con todo detalle los Shilpa Shastras, los tratados de arte védico. Midió y categorizó todas las combinaciones de proporciones artísticas, estudió las ciencias de equilibrio, forma, comparación y armonía, pero seguía sin tener éxito en su búsqueda. Aún no había hallado la quintaesencia de la Belleza.

 

Un día, caminaba por un mercado, cuando de pronto halló en una de las tiendas una figura de la Diosa Bhavani. La figura rompía todas las normas védicas de arte y proporción. No encajaba en ninguna de las ciencias artísticas de las Escrituras, y desde luego, jamás sería permitida su adoración en un templo. El Acharya Shukra vio una imagen que faltaba a todas las normas de la estética… y en ese momento encontró la Belleza. Se inclinó mentalmente ante Bhavani, y cantó desde su corazón:

 

“Innumerables son las formas que revistes, oh, Belleza, y ningún Shastra puede contenerlas todas. Algunos dirán que sólo lo que obtiene la sanción de la Escritura es bello. Otros, que todo cuanto se ama apasionadamente llega a ser perfecto”.

 

Dos hermosas moralejas desprende esta historia: Una, que las normas están hechas para el hombre y no el hombre para las normas. Si a la hora de hacer vida espiritual, representada aquí en el trabajo del artista, nos ceñimos de forma milimétrica a la norma, llevaremos a cabo un ejercicio pulcro, pero corremos el peligro de perder el espíritu, el alma de nuestra vida religiosa, la verdadera devoción.

 

La otra moraleja, no menos bella, es que Shukra tuvo que aprender cada una de las normas del arte para poder reconocer la belleza en una obra que las rompía todas. Igualmente, en la vida espiritual, no debe uno ser negligente con las normas a pesar de lo dicho antes, pues son guías útiles para llegar más allá de ellas, y uno ha de conocerlas y practicarlas, antes de poder trascenderlas.

 

Shloka:

Himakunda-mṛun’ālābhaṃ

daityānām paramayan guruṃ

Sarva-shāstra-pravaktāraṃ

Bhārgavam pranamāmyahaṃ

 

Me postro ante el Bhargava (Shukra), que tiene la apariencia del hielo, la flor del jazmín y del loto. Es el guru de los daityas, y ha enseñado todas las ciencias védicas.