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Yogasutras: Cuatro cualidades para el Yoga

A menudo hablamos de los obstáculos que dificultan la práctica del Yoga, tales como la pereza, la inconstancia, etc. No obstante, al mismo tiempo que se deben destruir estos hábitos desordenados para progresar en la práctica del Yoga, es importante también favorecer las buenas cualidades que producen un rápido progreso en nuestro sadhana.

 

Debemos entender que cuando hablamos de Yoga no nos referimos solamente a la práctica de las posturas. Toda práctica del Yoga tiene que tener por meta la felicidad y la paz mental. Obviamente que la práctica de yogasanas es importante, pero de nada sirve si sólo nos doblamos sobre nosotros mismos agitando más aún nuestra mente de lo que ya estaba. Cuando hablamos de Yoga, hablamos de aquietar los pensamientos y alcanzar un estado de paz y dicha, tal y como prescribe Patañjali.

 

En el Sutra 33 del primer Pada de los Yoga Sutras de Patañjali, se afirma:

 

Maitrī-karuṇā-mudita-upekṣāṇāṁ sukha-duḥkha-puṇya-apuṇya-viṣayāṇāṁ bhāvanātaś-cittaprasādanam

 

La contemplación en la amistad, la compasión, la alegría, y la indiferencia ante el dolor y el placer, el mérito o el demérito, resultan en paz y buena disposición de la mente.

 

En este verso se nos revelan cuatro cualidades en cuya contemplación (Bhavana), se logra facilidad o ventaja para que la mente se vuelva pacífica y armoniosa. Pero por supuesto, no basta con “contemplar” desapegadamente estas cualidades, aunque esto pueda ayudar también como práctica de meditación. La palabra Bhavana alude a un extendido concepto en las prácticas espirituales hindúes, que consiste en pensar en un humor o cualidad constantemente, y actuar constantemente en relación con este humor, hasta que la mente se fusiona con él. Esto sucede porque la mente toma fácilmente la forma de aquello en lo que piensa. Si uno piensa siempre en la comida o en el sexo, eventualmente se convierte en un glotón o un lujurioso. Si uno piensa constantemente en la dulzura y la ternura, se volverá una persona tierna y cariñosa. Esta es nuestra gran baza para adquirir cualidades positivas en orden de avanzar en la práctica del Yoga.

 

Por supuesto, no es tan fácil como escribirlo o leerlo. Uno debe tener una férrea determinación de adquirir estas cualidades, o si no, la mente se dispersará fácilmente en otros deseos y pensamientos. Hay que armarse con la coraza de la resolución, y hacer un firme voto de desarrollar nuestras buenas cualidades constantemente.

 

Analicemos ahora las cualidades que el Sutra nos indica:

 

Maitrī: Maitri significa “amistad”, pero no en el sentido de hacer amigos. Todos podemos hacernos amigos de las personas que nos caen bien. Maitri se refiere a la cualidad de ser amistoso y cordial con el prójimo, que es todo ser viviente. Una persona amistosa puede hacer tanto bien en el mundo como los médicos, los sacerdotes y los filántropos. Este tipo de cordialidad es una dulzura y cuidado especial que ponemos al tratar con cualquiera, evitando decir palabras bruscas o hirientes, siendo solícitos y atentos y ayudando a los demás. Esta cualidad produce una paz mental inmediata, por el sencillo motivo de que la mente se agita poderosamente ante la presencia de los pensamientos de enemistad, y de lo opuesto. La persona amistosa no tiene enemigos y no se opone (en lo personal) a nadie, por lo tanto su mente se llena pronto de calma y tranquilidad. La persona amistosa no pierde su calma por discusiones, porque dicha calma es su posesión más preciada.

 

Karuṇā: La compasión o Karuna es un sentimiento de profundo amor hacia el que es infeliz. Cuando ves a alguien que está sufriendo sientes un deseo de aliviar su dolor. Esto es la compasión. La compasión es el sustituto de la ira y el odio. Cuando alguien nos hace daño, respondemos con ira y queremos devolverle este dolor que nos ha causado. Pero si fomentamos la compasión, entonces este sentimiento de rencor es sustituido por karuna. Entonces entendemos que la persona que nos daña es la más desgraciada. Su mente está perpetuamente agitada, y no tiene idea de lo que es bueno o malo ¿cómo esta persona puede no ser digna de lástima? La compasión debe ser genuina, y no una especie de desprecio, patetismo o falsa compasión. Ésta se logra meditando profundamente en la idea de que nadie que hace el mal es responsable de sus actos, sino sólo una marioneta en manos de su mente desordenada. Podemos comprender esto verdaderamente cuando observamos nuestra mente y recordamos las veces que hicimos daño a otras personas por no saber controlarnos. Entonces la compasión surgirá en nosotros de forma verdadera.

 

Mudita: La alegría es imprescindible para el aspirante espiritual. Viendo a algunos eruditos y ascetas a veces puede parecernos que el sadhana debe ser un camino de espinas y lágrimas. Y aunque la vida yóguica en efecto es ascética y hay muchas pruebas en el camino, el sadhana debe ser grato para nosotros. De nada nos sirve hacer práctica espiritual si nos hace sufrir. Por supuesto, hay esfuerzo en la práctica, e incluso dolor, pero éste tiene que ser gozoso. Una persona alegre activa su mente para la práctica y cuando es necesario parar, descansa felizmente. De lo contrario, un exceso de seriedad nos volverá rígidos o nos hará caer en la inactividad perezosa o depresiva, y nuestro sadhana se detendrá. Por lo tanto, debemos desarrollar alegría y jovialidad. Los fracasos y obstáculos son una gran oportunidad para reírnos de nosotros mismos; al tiempo que desarrollamos alegría, esto nos ayudará a solventarlos.

 

Upekṣāṇā: La última cualidad es indiferencia. ¿Pero indiferencia hacia qué? La respuesta es rotunda: Sukha-Dukha, y Punya-Apunya. Sukha es aqullo que nos complace y nos da satisfacción. Dukha es lo contrario, aquello de lo que queremos huir y que queremos evitar. Por ejemplo, tal vez hacemos los asanas de manera fluida y bella, porque tenemos un buen cuerpo y flexibilidad; esto es Sukha. Ahora bien, tal vez nos cuesta mucho doblarnos hacia delante, tenemos poca fuerza y los asanas no nos salen como queremos: esto es Dukha. Así que si estamos en el primer caso, haremos asanas constantemente, cada vez más acrobáticos, y obviaremos los otros peldaños del Yoga; si por el contrario, estamos en el segundo, dejaremos de practicar asanas diciendo que lo nuestro es la meditación. Ambas actitudes son un error. El Yogi puede que haga muy bien o muy mal los asanas, pero seguirá practicando con la misma atención a su postura que a todos los demás aspectos del Yoga. Esto puede trasladarse a cualquier ámbito de la vida. Si constantemente huimos del dolor y buscamos el placer, nuestra mente nunca cesará en su agitación. Por supuesto, tampoco hay que buscar el dolor y huir del placer. Esta indiferencia se resume en el adagio que solía decir Sri Swami Sivananda: “no busques y no rechaces”. El Yogi vive feliz con lo que naturalmente obtiene, y así se equilibra entre los dos pares de opuestos.

 

Punya es mérito. Alude a cuando alguien realiza una buena acción y es recompensado por ello, ya sea por otra persona o por adrishta, la fuerza invisible del karma. Apunya, por supuesto es el demérito o la mala fama que adquirimos, merecidamente por nuestras malas acciones o por una calumnia. La mente busca naturalmente un proceso que culmine con el éxito, y este éxito se traduce en fama. Pero si la fama se vuelve nuestro objetovo, hemos perdido el camino del Yoga. Yoga es una actitud interior y la consideración o la falta de ella que otros puedan tener sobre nosotros puede muy bien convertirse en un obstáculo para dicha actitud. Debido a que los halagos dan gran placer a la mente (Sukha) y los improperios le causan dolor (Dukha), la mente actuará de esta o la otra forma según vea la opinión de unos y otros. Entonces la agitación mental nunca cesará. Incluso surgirá un problema más, el miedo a lo que otros puedan pensar. Muchos grandes Yogis de la antigüedad eran obesos, viejos, mostraban externamente mal carácter, y muchas más cualidades que hoy en día consideramos “no yóguicas”. Ashtavakra, uno de los Gurus más elevados de la tradición védica tenía no una sino ocho malformaciones en su cuerpo. Estas grandes almas no pensaban en si iban a considerarles buenos o malos Yogis. Lo único importante es seguir la enseñanza de las Escrituras y de Sri Guru. Entonces, lo que otros puedan pensar se vuelve supérfluo. El Acharya B.K.S. Iyengar dijo en una ocasión que hay muchos yogis, y cada uno puede pensar una cosa diferente. Pero sólo hay un Yogeshvara (Señor del Yoga), refiriéndose a Sri Krishna, que da la enseñanza suprema del Yoga en la Bhagavad Gita. Entonces, deberíamos preocuparnos sólo de la opinión de Yogeshvara y de ningún otro yogi. Seguir este consejo nos ahorrará muchas preocupaciones, y nos proporcionará un progreso maravilloso.

 

Es largo y duro el camino del Yoga, pero sus beneficios son mucho mayores que los problemas que puedan surgir aquí y allá. Y el sólo hecho de cultivar estas hermosas cualidades en nuestro corazón, ya es una recompensa en sí mismo. Supongamos por un momento que, por karmas de anteriores existencias o cualquier otra razón, la meta del Yoga no es alcanzada ¿no ha sido maravilloso practicar la cordialidad, ser amistoso, ser amable y alegre, no preocuparse por la opinión ajena? Por lo tanto, ocupémonos sin descanso en alimentar estas bellas virtudes ¡Que Yogeshvara, el Señor del Yoga, nos bendiga a todos con ellas!

 

Shloka:

sannyāsas tu mahā-bāho

duḥkham āptum ayogataḥ

yoga-yukto munir brahma

na cireṇādhigacchati

 

La mera renuncia es difícil de conseguri sin el Yoga ¡Oh, Arjuna! Pero el sabio que es armonizado por el Yoga alcanza a Brahman sin que pase mucho tiempo.