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El pensamiento, por Sri Swami Sivananda

El pensamiento es una fuerza vital; es la fuerza más viva, sutil e irresistible que existe en el universo. El pensamiento es una gran fuerza, es una fuerza dinámica. Lo producen las vibraciones del Prana físico o Sukshma Prana, en la sustancia mental. Es una fuerza como la gravedad, la atracción o la repulsión.

 

Estás rodeado por un océano de pensamientos. Estás flotando en el océano del pensamiento. Estás absorbiendo determinados pensamientos y rechazando otros en el mundo del pensamiento. El mundo del pensamiento es relativamente más real que este universo físico.

 

Los pensamientos son cosas vivas. Cada cambio de pensamiento va acompañado de una vibración en su materia mental.

 

Cada pensamiento tiene un nombre y una forma determinados. La forma es el estado más grosero, y el nombre el más fino, de una fuerza única que se manifiesta llamada pensamiento.

 

El pensamiento es materia sutil.

El pensamiento es materia sutil. El pensamiento es una cosa tangible como una piedra. El pensamiento tiene forma, medidas, contornos, color, cualidad, sustancia, fuerza y peso. Un pensamiento espiritual es de color amarillo; un pensamiento cargado de ira y de odio es de color rojo oscuro; un pensamiento egoísta es de color marrón, etcétera.

 

Puede que tú mueras, pero tus pensamientos no mueren nunca. Los pensamientos poderosos de los grandes sabios y Rishis de antaño se conservan aún en los registros akáshicos (etéreos). Los yogis que tienen visión clarividente pueden percibir estas imágenes de los pensamientos y leerlas.

 

El pensamiento nos lo proporciona el alimento. Si el alimento es puro, el pensamiento también se vuelve puro. Quien tiene pensamientos puros habla poderosamente y produce una impresión profunda en la mente de quienes le escuchan. Influye en millares de personas por medio de sus pensamientos puros. Un pensamiento puro es más agudo que el filo de una cuchilla. Cultiva siempre pensamientos puros y sublimes.

 

El pensamiento construye el carácter.

Cada pensamiento tuyo tiene para ti un valor literal en todos los aspectos. La fortaleza de tu cuerpo y la de tu mente, tu éxito en la vida y el placer que produzca a los demás tu compañía, dependen de la naturaleza y cualidad de tus pensamientos. Debes conocer la cultura del pensamiento, que es una ciencia exacta.

 

El hombre es creado por el pensamiento. En lo que el hombre piensa en eso se convierte. Piensa que eres fuerte, y fuerte te volverás. Piensa que eres débil y te volverás débil. Piensa que eres necio y te convertirás en un necio. Piensa que eres Dios, y en Dios te convertirás. El hombre forma su propio carácter, convirtiéndose en lo que piensa. Si meditas en el coraje, instaurarás éste en tu carácter. E igual ocurre con la pureza, la paciencia, la generosidad y el autocontrol. Si piensas noblemente, construirás gradualmente para ti un carácter noble. Pero si piensas de forma baja, formarás un carácter mezquino. Puedes construir tu carácter igual que un albañil construye un muro obrando con y por medio de la ley.

 

La mente tiene un gran poder de atracción. Estás constantemente atrayendo hacia ti, tanto el lado visible como el invisible de las fuerzas vitales, pensamientos, influencias y condiciones similares a las de tus propios pensamientos. Lleva contigo cualquier tipo de pensamientos que te guste y, en tanto que lo retengas, no importa que vayas de un lado para otro por mar o por tierra, atraerás incesantemente hacia ti, advirtiéndolo o no, exacta y únicamente lo que corresponda a la cualidad predominante en tu propio pensamiento.

La influencia de los pensamientos.

Un buen pensamiento es tres veces bendito. Primero, beneficia a quien lo piensa, mejorando su cuerpo mental. En segundo lugar, beneficia a la persona en la cual se piensa. Y, finalmente, beneficia a toda la humanidad, mejorando la atmósfera mental general.

 

Por el contrario, un pensamiento negativo es tres veces maldito. En primer lugar, daña a quien lo piensa, perjudicando su cuerpo mental. En segundo lugar, daña a la persona en la cual se piensa. Y, por último, daña a toda la humanidad, viciando toda la atmósfera mental.

 

Los pensamientos son tus verdaderos hijos. Ten cuidado con tu descendencia de pensamientos. Un buen hijo proporciona felicidad, nombre y fama al padre, mientras que un mal hijo causa infamia y descrédito a su padre. De igual modo, un buen pensamiento te proporciona alegría y felicidad, mientras que un mal pensamiento te proporcionará desgracia y aflicción. De la misma manera que crías a tus hijos con gran cuidado, tendrás que cuidar, asimismo, pensamientos buenos y sublimes con mucho cuidado.

 

Los pensamientos llevan a la acción. Los malos pensamientos producen malas acciones. Los buenos pensamientos generan buenas acciones. Los pensamientos son fuente de todas las acciones. El pensamiento es el verdadero Karma. Pensar constituye la verdadera acción. Si puedes desarraigar todos los malos pensamientos desde el principio, no cometerás ninguna acción reprobable. Si puedes cortarlos en cuanto broten, te librarás de las desgracias y aflicciones de este mundo. Observa tus pensamientos con vigilancia e introspección.

La erradicación de pensamientos negativos.

En primer lugar penetra en la mente un pensamiento negativo. Luego cultivas una imaginación fuerte. Te deleitas dando vueltas a ese mal pensamiento, consintiendo que permanezca en tu mente. El pensamiento negativo, al no ser resistido, va gradualmente fijándose en tu mente hasta ser muy difícil de expulsar.

 

Los pensamientos ganan fuerza por medio de su repetición. Si cultivas en una ocasión un pensamiento bueno o malo, ese pensamiento tendrá una cierta tendencia a regresar de nuevo.

 

Los pensamientos similares se agrupan, lo mismo que los pájaros del mismo plumaje forman una bandada. Si cultivas un solo pensamiento negativo, se agruparán en ti todo tipo de malos pensamientos y te harán caer. Mientras que si cultivas cualquier pensamiento bueno, se reunirán en ti todo tipo de pensamientos buenos y te elevarán.

 

Controla tus pensamientos. Del mismo modo que conservas sólo las frutas buenas de la cesta, desechando las malas, conserva únicamente los pensamientos buenos en tu mente, rechazando los malos. Extirpa la codicia, la avaricia, el egoísmo. Cultiva únicamente pensamientos puros y santos. Aunque esta sea una tarea difícil, tendrás que practicarla. Donde no hay esfuerzo, no hay ganancia.

 

De igual manera que cierras tu puerta o tu portal cuando un perro o un asno tratan de colarse, cierra tu mente, antes de que cualquier mal pensamiento pueda penetrar en ella y producir una impresión en tu cerebro físico. Te convertirás pronto en un sabio y lograrás la paz y la dicha infinita y eterna.

 

Los pensamientos son como las olas del océano. Son incontables. Puedes desesperarte al principio, pues puede que algunos se desvanezcan, mientras que otros se derramarán como una corriente poderosa. Los mismos viejos pensamientos que fueron en una ocasión suprimidos, pueden volver a mostrar su rostro después de algún tiempo. Nunca des lugar al desaliento durante tu práctica. La fortaleza espiritual interna se manifestará en ti gradualmente. Podrás sentirla y triunfarás al final. Todos los grande yogis de antaño tuvieron que afrontar las mismas dificultades que tú experimentas ahora.

 

Date cuenta por ti mismo de las graves y funestas consecuencias de los malos pensamientos. Eso te pondrá en guardia cuando estos te asalten. En el momento en que aparezcan, esfuérzate por distraer tu mente con algún otro objeto, con pensamientos divinos, la oración y el japa (repetición del mantra). El deseo sincero de expulsar los malos pensamientos te mantendrá siempre alerta. Tanto es así, que incluso si te asaltan en el sueño, te despertarás de inmediato.

 

Mantén tu mente plenamente ocupada. Entonces no penetrarán en ella malos pensamientos. Una mente ociosa es el taller del diablo. Vigila tu mente a cada minuto. Ocúpate siempre en alguna tarea. Evita toda conversación frívola y cotilleo. Llena tu mente de pensamientos sublimes, como Los que contienen la Gita, las Upanishads o el Yoga Vasishtha.

 

Los Jñanis serenos.

Cuantos menos pensamientos hay, mayor es la paz. Cuantos menos deseos se tienen, menos son los pensamientos. Recuérdalo siempre. Una persona adinerada, que está dedicada a especular en una gran ciudad y que tiene un número elevado de pensamientos, tiene una mente intranquila a pesar de sus comodidades. Mientras que un sadhu o peregrino, que vive en una cueva en los Himalayas y que practica el control del pensamiento, es muy feliz a pesar de su pobreza.

 

Cada pensamiento que es reducido añade fortaleza y paz a la mente. La reducción de incluso un solo pensamiento proporciona fortaleza y paz mentales. Puede que no seas capaz de sentirlo al principio, pues no posees un intelecto sutil pero hay un termómetro espiritual dentro de ti que registra la reducción de cada pensamiento. Si reduces un pensamiento, la fortaleza mental que hayas ganado te ayudará a reducir el siguiente más fácilmente.

 

A través de una práctica constante e intensa, puedes aquietar tus olas mentales y quedar libre de pensamientos. El yogi sin olas en su mente ayuda más al mundo que el hombre que habla desde una tribuna. La gente ordinaria difícilmente puede entender esto. Cuando estás sereno, penetras e impregnas realmente cada átomo del universo, purificando y elevando al mundo entero. Los nombres de Jñanis (sabios) serenos como Jada Bharata o Vamadeva son aún hoy recordados. Ellos nunca construyeron Ashrams o monasterios. Nunca conferenciaron. Nunca publicaron libros. Nunca aceptaron discípulos. Sin embargo ¡Qué poderosa influencia produjeron estos serenos Jñanis en las mentes de la gente! ¡Gloria a estos Jñanis sin olas de pensamiento en sus mentes!

 

Shloka:

asaṁśayaṁ mahā-bāho

mano durnigrahaṁ calam

abhyāsena tu kaunteya

vairāgyeṇa ca gṛhyate

 

¡Oh, tú, hijo de Kuntī, el de los poderosos brazos!, contener la inquieta mente es sin duda algo muy difícil de hacer, pero ello es posible mediante la práctica adecuada y el desapego.