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Las glorias de Adi Shankaracharya

El quinto día de la quincena creciente del mes de Vaishakha se celebra el aniversario de Adi Shankaracharya, el gran Maestro y filósofo de la India. Hace más de mil años, esta Gran Alma descendió para restablecer el Dharma sobre la tierra de la India.

 

El nombre de Adi Shankaracharya se glorifica en todas partes de la India con absoluta razón. Todos los elementos de su nombre nos dan señal de su grandeza. “Adi” significa el primero, pues él fue el primero de los Maestros en escribir un comentario del Vedanta que estableciera un sistema filosófico en concordancia con los Vedas y explicando los significados de las Escrituras con maestría y sabiduría divina. Su nombre, Shankara, es también el nombre del Señor Shiva, debido a que Shankara y Él no eran sino uno. “Acharya” significa “aquel que enseña con su ejemplo. No hubo, por cierto, otro Maestro que personificara mejor esta idea. Toda su vida fue un ejemplo de amor por las enseñanzas védicas, el Dharma y la compasión. A pesar de que era un alma autorrealizada, y por tanto no había nada que necesitara para sí mismo, toda su vida fue un peregrinaje por la India, estableciendo las verdades del Vedanta, fundando templos y monasterios, haciendo discípulos, todo ello para el bien de la humanidad, y el restablecimiento del Dharma Hindú.

 

Shankara estableció la filosofía del Advaita Vedanta o No-Dualismo, que sostiene la unidad entre las almas y la Divinidad. Sin embargo, no sólo los advaitines o pertenecientes a dicha filosofía deben veneración hacia él. Todos los hindúes de todas las escuelas o sampradayas, dualistas o no, rinden homenaje a Shankara. Para entender por qué, hay que comprender la situación de la India en su tiempo.

 

En los tiempos en los que Shankara advino, el Dharma Hindú había decaído profundamente. Se habían perdido las nobles enseñanzas de los Acharyas de la antigüedad, como Vasishtha, Narada, Vyasa y Shuka. Las diferentes ramas del hinduismo se peleaban entre sí para establecer su propia superioridad sobre las demás. Había gran desunión. Para colmo de males, la filosofía que triunfaba era el Purva Mimamsa, que tiene su origen en los Vedas, pero propone una visión de ellos únicamente ritualista.

 

Los proponentes del Mimamsa entendían que la primera parte de los Vedas es la más importante, y la única a la que hay que atender para alcanzar felicidad. La primera parte de los Vedas o Karma Kanda trata sobre los rituales y las acciones apropiadas. Ellos creían que si reaizaban las acciones correctas y los rituales védicos con perfecta pronunciación de los mantras, el karma que obtendrían sería benéfico, y de este modo les llegaría la prosperidad. Ellos negaban la existencia de Ishvara o Dios, diciendo: “no sabemos si hay Dios o no, pero nos es indiferente. No necesitamos rendirnos ante ningún creador del universo. Si ejecutamos los rituales de los Vedas como es debido, alcanzaremos la felicidad, pues recibiremos los frutos de nuestras buenas acciones. Seremos por lo tanto ricos, prosperos y bienaventurados en nuestros próximos nacimientos”.

 

La última parte de los Vedas, en cambio, llamada Jñana Kanda, enseña los caminos de liberación del alma a través de la acción desinteresada, el servicio al prójimo, la devoción y el conocimiento divino. Shankara entendió que esta es la parte principal de los Vedas. El Karma Kanda es igualmente sagrado, pero por sí sólo es nada más que rituales vacíos, pues en ellos no hay devoción, sentimiento o intenciones puras, sino sólo deseo de riqueza. Debe estar supeditado al Jñana Kanda y servirle de apoyo. La felicidad, según el Jñana Kanda no está en hacer buenas acciones para recibir un buen resultado de la acción, sino en llevar a cabo acciones puras y desinteresadas, no por interés personal, sino como una ofrenda al Todopoderoso, y por el bienestar de la humanidad. Por ello, los proponentes del Vedanta solían renunciar al mundo tomando las túnicas ocre de los monjes, jurando así abandonar toda acción egoísta y sólo realizando acciones para los demás. Los Mimansakas no estaban de acuerdo con esto, y por ello deploraban de los monjes.

 

El hecho más notable de la vida de Shankara, por lo tanto, fue que, con gran valor, fue a debatir con Mandana Mishra, el más importante exponente en aquel tiempo del Purva Mimansa. El riesgo era muy grande, ya que aquel que perdiera el combate, debía adoptar la filosofía del oponente y hacerse su discípulo. La propia esposa de Mandana Mishra, Bharati, fue el juez de aquel gran debate. Era una mujer de alto conocimiento brahmínico, y se la consideraba tan sabia y justa que todos sabían que no inclinaría la balanza del lado de su esposo, sino que sería absolutamente justa e imparcial. Su sabiduría era tal que se decía era la encarnación de la misma Saraswati, la Diosa de la Palabra.

Bharati colocó una guirnalda de flores alrededor del cuello de cada combatiente. El combate intelectual duró catorce días. Ambos oponentes tenían un conocimiento sin par de las Escrituras védicas. Era maravilloso verlos debatir. Las palabras de ambos tenían gracia y majestuosidad. Sin embargo, a los catorce días, la guirnalda de Mandana Mishra se había marchitado por completo, mientras que la de Adi Shankara permanecía freca como el primer día. El Mimansaka se había quedado sin palabras. No podía refutar más las perfectas conclusiones de Shankara.

 

Mandana Mishra se hizo discípulo de Shankara, y tomó los hábitos monásticos bajo el nombre de Sureshvara. Fue uno de los grandes maestros y propagadores del Vedanta de Shankara, e inició el linaje Saraswati, al cual pertenecen lso eruditos en las Escrituras más grandes, y maestros de gran renombre como Swami Sivananda, Swami Dayananda, Swami Muktananda y otros.

 

El triunfo de Shankara, fue por tanto el triunfo de toda la India y del mundo entero, no por demostrar tener razón, o por fama personal, sino porque entre una filosofía que proponía la felicidad a través de la adquisición de bienes materiales, y otra que proponía el abandono del apego a lo material y el amor por el prójimo, gracias al gran Acharya, en la India se impuso la segunda. El Espíritu venció a la mundanidad.

 

Muchos grandes Maestros han aparecido después de Shankara. Ellos también establecieron filosofías de enorme elevación y fueron Almas de gran santidad, a la altura del mismo Shankara. La filosofía Visishtadvaita de Sri Ramanuja es absolutamente encumbrada y admirable; La erudición y sabiduría de Sri Madhavacharya no tenía fin. El corazón de Sri Chaitanya era inmenso como el océano. Pero fue gracias a que Shankara planto la primera semilla del Vedanta, que estos grandes santos, sabios y avatares pudieron después trazar los diferentes caminos de la religión tan grande, tolerante y todo-abarcante que hoy día es el Hinduismo. Por esto es que todos los hindúes sin distinción de credo rinden su homenaje a Sri Shankara.

 

Hoy en día aún persiste la filosofía de los Mimansakas en el mundo. Muchos actúan de manera interesada, realizando buenas acciones o rituales para ganar favor, dinero o prosperidad, pero ¿Cuántos actúan sin interés mundano, con verdadera devoción por el Señor Supremo, o por amor al prójimo? Es hora de rendirnos de nuevo ante el gran Acharya Shankara y los demás Maestros del Vedanta. Llevemos una vida sencilla, de adoración y servicio a la humanidad. Purifiquémonos y hagamos realidad la filosofía del gran Adi Shankaracharya, Maestro del Mundo. ¡Que él nos bendiga para lograr tan elevada meta! ¡Bhava Shankara deshika me sharanam!

 

Shloka:

 

śruti śmrti purāṇānam

ālayam karuṇālayam.

Namāmi Bhagavadpādam

śaṃkaraṃ Lokaśaṃkaraṃ

 

Me postro ante Shankaracharya, depositario de los Vedas, las Smritis y los Puranas, lleno de compasión, cuyos pies son los más dignos de veneración y que es dador de lo auspicioso en el mundo entero.