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Shirshasana, la postura sobre la cabeza.

 

 

Mucha gente, en su práctica de Hatha yoga, encuentra difícil la práctica de la postura de la cabeza o shirshasana. Esto, por supuesto, no es de extrañar, ya que no es un asana sencillo. La postura se realiza tomando apoyo en los antebrazos y cabeza, e invirtiendo totalmente el cuerpo  en equilibrio vertical.

 

 

Esta postura es verdaderamente antigua. Si bien no aparece en los textos clásicos de Hatha yoga, tales como Hatha Pradipika, sabemos que en la era de Sri Rama ya era realizada, encontrando en el Ramayana de Valmiki, texto de gran antigüedad, mención a su práctica. Ha sido calificada con toda justicia como el “rey de los asanas”, ya que los beneficios que se derivan de su práctica son múltiples: mejora la circulación de la sangre, promueve el mejor funcionamiento del cerebro, la memoria y procesos de cognición, y reduce la hinchazón de piernas y pies. Además ayuda a mantener la alineación de la columna y fortalece cuello, brazos y hombros.

 

 

Es considerado como un asana de gran poder energético, ya que toma apoyo en el brahmarandhra, centro energético de vital importancia localizado en la parte alta de la cabeza, asiento del séptimo chakra o centro de la trascendencia espiritual.

 

 

Así, siendo un asana de tan profundas raíces, no es inusual que resulte difícil de practicar. Los asanas no son sólo meras posturas para mejorar la salud, sino que son también claves energéticas, y por ello su práctica tiene un impacto emocional del que no nos damos cuenta en un principio, pero que incide directamente en nuestros patrones de pensamiento. Si practicamos con la mente abierta y espíritu humilde, podemos ser enseñados por la postura. Así, puede ser que shirshasana nos cueste trabajo, no sólo por la dificultad de invertir el cuerpo, sino que, a través de la postura física, nos está instruyendo a cambiar nuestro punto de vista. Shirshasana, en el plano subconsciente, nos obliga a dar la vuelta por completo a nuestras creencias, opiniones y suposiciones. Así, resulta de gran dificultad pero portentosos resultados.

 

Es posible que aquel que tiene problemas para relativizar sus ideas y convicciones sienta gran desagrado por la postura, ya que le está llamando a invertir y flexibilizar sus dogmas. Asímismo, la persona de temperamento miedoso,  a la cual es difícil sacar de su posición de confort, tampoco se adecuará bien al asana. Por supuesto, uno no debe generalizar, ya que cada caso individual es distinto. Puede perfectamente haber un practicante que tenga dificultades con shirshasana y al tiempo ser de carácter valeroso y mente flexible. Uno debe observarse a sí mismo con detenimiento y acudir a un profesor de confianza para que le instruya en la postura. Uno puede encontrar fácilmente que la postura le resulta costosa, ya sea por problemas de equilibrio, falta de tono muscular en brazos o fragilidad en el cuello, en cuyo caso es mejor realizar antes posturas preparatorias.

 

 

Sin embargo, merece la pena observarse interna y profundamente. Si la postura nos produce un rechazo instintivo, más allá de la precaución física, tal vez estemos más necesitados de ella que nunca, no para mejorar nuestro cuerpo, sino para cambiar nuestra actitud ante la vida.

 

 

Shloka:

 

sa̱ha̍sra śīrṣā̱ puru̍ṣa | sa̱hasrā̱ka sa̱hasra̍ pāt

 

sa bhūmi̍ṁ vi̱śvato̍ vṛ̱tvā | atya̍tiṣṭhad daśāṅgu̱lam

 

 

 

El Ser Supremo posee innumerables cabezas, ojos y pies. Él se yergue en toda Su majestad permeando el Universo entero con el tamaño de 10 pulgadas.