· 

Nandi, la imagen del Dharma

Practicamente todas las divinidades hindúes montan sobre un animal que los representa, llamado vahana (montura). En el caso del Señor Shiva, su montura es el toro, de nombre Nandi. Por supuesto, Nandi no es sólo la montura de Shiva, sino su más leal sirviente y discípulo.

 

El Shiva Mahapurana nos informa de que Nandi es hijo del sabio Shilada. Éste había soñado durante años con tener un hijo que fuera brillante, devoto del Señor Shiva e inmortal. Realizó severas penitencias para conseguirlo. Un día, le fue revelado que realizando un yagna o sacrificio de fuego, tendría el hijo deseado. Mientras realizaba el complejo ritual, Nandi, resplandeciente, emergió del fuego del sacrificio. Aceptado por Shiva, aprendió tanto la sabiduría védica como la agámica, convirtiéndose en el Maestro de maestros. Él fundó la Nandinatha Sampradaya, la escuela de devoción a Shiva más prominente hoy en día, siendo el primero de sus maestros en un linaje ininterrumpido desde entonces. Esta historia nos brinda una bella enseñanza: la verdedera sabiduría resplandece a través del yagna, el sacrificio, que no es sino otra forma de hablar de la acción desinteresada, sin deseo egoísta, sino sólo por beneficio de la humanidad.

 

Como es bien sabido, la cultura hindú tiene una especial veneración por la vaca, símbolo de la madre tierra, dadora de vida, que nos otorga sus dones. El toro, por su parte, siendo la contraparte de la vaca, es el Dharma, el camino recto y la moral que la sostiene. Las cuatro patas del toro son la verdad, la pureza, la compasión y la generosidad. Al igual que el Dharma, el toro es gentil, amable. Pero también fuerte e imbatible.

 

Shiva, como Señor de los Dioses, no puede tener otro sostén que el mismo Dharma, el camino espiritual supremo de defensa de la verdad y amor al prójimo. Nandi, el toro, guarda la puerta que da a la morada de Shiva, en el monte Kailas. Como vigilante del camino hacia Shiva, Nandi representa al guru, el maestro espiritual, que permite a través de su gracia el progreso del discípulo hacia Dios.

 

En los templos de Shiva usualmente siempre se halla una imagen del toro frente al altar donde se ubica la deidad. Los devotos shaivas tienen siempre cuidado de no darle la espalda a Nandi al ir a prestarle reverencias a Shiva, manteniéndose a su lado, en actitud de respeto. Esto nos enseña que por más que adoremos a Dios, si volvemos la espalda al Dharma, a la moral, encarnada en Nandi, nuestra adoración será inútil. Sólo a través del comportamiento noble y bondadoso, el Señor Shiva es alcanzado.

 

Shloka:

ghaṇṭālaṅkṛta-kaṇṭhāya

nīlakaṇṭhasya vāhine

namas te dharma-rūpāya

kūṭasthāya kakudmine

 

Ofrezco reverencias a Nandi, el toro blanco con joroba, cuyo cuello se adorna con campanillas. Él es el vehículo de Shiva, el de cuello azul. Es la encarnación del Dharma, imperturbable como los Himalayas.