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Una historia sobre el Karma

Se cuenta en el Utthara-Kanda del Ramayana de Valmiki, que estando el Señor Rama rodeado de Sus ministros, se preguntó si todos en Su reino se sentían bien, y nadie tenía quejas de su situación. En el reino de Rama nadie sufría hambre, ni injusticia, ni pobreza. Así, para asegurarse, envió a Su hermano Lakshmana a recorrer el reino. Lakshmana viajó durante días sin encontrar a nadie afligido. Finalmente, halló tan sólo a un perro, que ladraba amargamente.

 

Llevó al perro al palacio. El animal se negó a entrar. Dijo “en este lugar habita el Señor Rama, Dios Supremo, y los piadosos y santos brahmanes. A un perro le es negada la entrada incluso a los templos donde habitan los dioses menores como Mitra y Varuna. ¿Cómo puedo pensar siquiera en entrar aquí?” Pero Rama no hace diferencias entre elevados y humildes. Hizo entrar al perro y le dijo: “Nadie en Mi reino sufre aflicción alguna ¿qué te hace ladrar de tal manera?” El perro contó que sin él haber hecho nada, fue golpeado con una vara por un brahmán, y tal era el motivo de su queja. Rama Mandó llamar al brahmán, y le pidió explicaciones. Aquél dijo:

 

“Es cierto, Señor. Yo apalizé al perro sin motivo, por causa de mi ira. Como no había tenido suerte en mi colecta diaria de limosna, lo pagué con este animal que encontré en mi camino. Soy culpable y debo ser castigado”.

 

Pero Rama, en lugar de castigar al brahmán, lo hizo sacerdote de un importante templo con una gran paga. El hombre se fue agradecido y contento. A pesar de esto, el perro rió encantado. Los ministros no entendían nada, y preguntaron a Rama: “Señor, ¿por qué ríe el perro? ¿Por qué no habéis castigado al brahmán?” Rama dijo: “El perro os contestará”.

 

El perro contó su historia: “Antes de ser un perro, en mi anterior existencia, era un brahmán, sacerdote del mismo templo que le ha sido dado a mi agresor. Era cuidadoso con los rituales diarios y no me alejaba jamás de las reglas de comportamiento védico. Pero era iracundo y me dejaba llevar por la cólera. Así, un día de mal humor golpee a un perro, y debido a ello me veo ahora, en mi vida presente, en esta forma. Por eso río. Aunque este brahmán ha sido premiado, es incontinente y colérico, y por tanto no me cabe duda de que pagará finalmente por sus acciones”.

 

Es inútil por tanto culpar a Dios o a cualquier otra entidad de nuestras penas o problemas. La ley de Karma nos instruye en que tanto las riquezas y bendiciones como las penalidades son el resultado de nuestras acciones previas. Nosotros mismos somos los constructores de nuestro éxito y de nuestro fracaso. Quien sabe esto, va más allá de lo placentero y lo desagradable, y busca los santos pies de Sri Rama, el Eterno.

 

Shloka:

Vāsāṃsi jīrnāni yathā vihāya

navāni gṛhṇāti naro’parāṇi

Tathā śarīrāṇi vihāya jīrṇāny

anyāni saṃyāti navāni dehī

 

Así como un hombre abandona su vestido viejo para ponerse uno nuevo, así también el alma acepta nuevos cuerpos tras desechar los gastados.