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Narasimha y la dualidad (Narasimha Jayanti)

 

 

En el calendario hindú se celebra la víspera de la luna llena del mes de Vaishakha una festividad muy importante, el Narasimha Chaturdashi. Esta es la aparición del cuarto avatar del Señor Vishnu, Narasimha, el hombre-león. En España esta fecha es el viernes 17 de Mayo.

 

La historia de Su advenimiento, narrada en el Bhagavatam y otros Puranas, es muy conocida en la tradición hindú. Hiranyakashipu, un rey de los demonios, hizo grandes penitencias durante mucho tiempo para complacer a Brahma, el Dios de la creación. Finalmente Brahma apareció para concederle el don que desease. Hiranyakashipu pidió la inmortalidad. Brahma le dijo que eera imposible, puesto que incluso él estaba sujeto a la muerte. Hiranyakashipu dijo: “entonces deseo no poder ser muerto ni por un hombre ni por un animal, ni de día ni de noche, ni dentro ni fuera de casa, ni en el cielo ni en la tierra, ni por arma alguna”.

 

Brahma le concedió este deseo. Hiranyakashipu pensó que había burlado a la muerte de este modo. Al ser invencible, dominó la tierra con su ejército de demonios. Después, prohibió la adoración al Señor Vishnu, destruyendo Sus templos y matando a Sus sacerdotes. La situación era terrible.

 

Pero el rey demonio tenía un hijo pequeño, Prahlada, un pequeño niño que era devoto de Vishnu. Lo adoraba día y noche, y no dejaba de repetir Su nombre. Hiranyakashipu trató de razonar con su hijo que no estaba bien que el hijo del rey de los demonios adorara al Señor Vishnu, pero fue en vano. El demonio, lleno de ira, finalmente decidió matar a su hijo.

 

Lo intentó de varias maneras: Despeñándolo por un barranco, abandonándolo en una cueva llena de serpientes venenosas, e incluso quemándolo vivo. Pero de un modo u otro, el Señor Vishnu encontraba la forma de salvarlo milagrosamente. Prahlada, ante esto, tolerabaa calladamente todas las iniquidades que su padre hacía contra él.

 

Un día, Hiranyakashipu no pudo soportar más a su hijo. Le dijo, señalando un pilar de su palacio: “Tú siempre dices que ese tal Vishnu está en todas partes. ¿También está en esta columna?” Al responder el niño que sí, Hiranyakashipu golpeó la columna con su maza y la quebró.

 

 

Entonces, de dentro de la columna emergió el Señor Vishnu en la forma de Narasimha, el hombre león. Su aspecto era terrible, con grandes fauces, ojos llenos de ira y Su melena ondeando como fuego. Su cabeza y garras eran las de un león, pero su cuerpo el de un hombre. Narasimha no era hombre ni animal, por lo tanto `podía matar a Hiranyakashipu. Lo tomó y lo llevó al porche del palacio; de este modo no estaba dentro ni fuera de casa. Lo sujetó en Su regazo, de modo que no estaba ni en el cielo ni en la tierra, y en el momento de la puesta de sol, que no es de día ni de noche, desgarró el vientre del demonio con Sus garras, es decir con ningún arma, sino con Sus propias uñas.

 

Así Narasimha destruyó al malvado demonio. Pero Su ira era incontrolable. Ni siquiera los dioses podían aplacarle. Entonces, el pequeño Prahlada se atrevió a dirigirse a Él y con devoción pura y corazón amoroso, le dirigió bellas oraciones. Hay todo un capítulo del Bhagavata Purana que las recuerda. Narasimha se apaciguó, debido a que Prahlada tenía amor puro por Él. El Señor Pidió a Prahlada que reinara sobre los demonios con justicia, y le concedió el don que quisiera. Prahlada pidió que su padre fuera perdonado de todo mal que cometiera en vida, y así fue. Hiranyakashipu fue elevado a los mundos más elevados.

 

De todas las enseñanzas que esta histria nos brinda, hay dos especialmente relevantes en nuestra práctica de Yoga. Por un lado, Narasinha encarna la facultad de superar todas las dualidades. Hiranyakashipu es el demonio del materialismo y la mente mundana. La mente que tiende al materialismo siempre trata de huir de lo desagradable, y por eso, trata de evitar la muerte con toda clase de engaños: ni de día ni de noche, ni dentro ni fuera de casa, ni hombre ni animal… de forma similar, nuestras mentes buscan alivio en la dualidad, buscando el calor y huyendo del frío, comiendo dulce y evitando el sabor amargo, buscando la comodidad, y evitando la austeridad, y un largo etcétera. Pero el Señor Narasimha nos instruey en que estas dualidades sólo terminan en dolor, ya que todo placer está sujeto a la desaparición. Por lo tanto, sólo volviendo el rostro hacia Aquel que está libre de todas las dualidades podemos alcanzar la felicidad, contemplando el Espíritu en todas las cosas, buenas o malas.

Por otro lado, el pequeño devoto Prahlada nos instruye en el carácter del perfecto aspirante espiritual. Él no llora ni se queja por todos los abusos que su padre comete contra él, sino que los tolera con absoluta fe en que todas las calamidades son para bien. Incluso finalmente, su único deseo es que su padre sea perdonado. No tiene resentimiento ni siquiera contra quien intentó matarle. De modo similar, el devoto no piensa “oh, Dios no me es favorable” cuando las cosas no van cómo él cree que deberían. No guarda resentimiento hacia nadie, porque sabe que todo lo que le sucede no es sino la misericordia de Parameshvara, el Señor Supremo.

 

Prahlada ha superado toda dualidad ya que no considera los conceptos de bueno o malo, agradable o desagradabel, etc. Para él, todo es la acción de Su amado Señor. Por ello, perdona sin reservas cualquier ofensa cometida contra él. En nuestra vida espiritual, debemos cultivar una tolerancia tan grande como esta, pues sólo así, alcanzaremos el estado supremo.

 

¡Que el Señor Narasimha nos proteja y nos bendiga con las altas cualidades de tolerancia, ausencia de rencor y amor al prójimo! ¡Jai Narasimha!

 

Shloka:

 

Ito nṛsiṁhaḥ parato nṛsiṁho

yato yato yāmi tato nṛsiṁhaḥ

bahir nṛsiṁho hṛdaye nṛsiṁho

nṛsiṁham ādiṁ śaraṇaṁ prapadye

 

Narasimha está aquí, Narasimha está allí. Allá donde vaya, está Narasimha. Aunque lo encuentre fuera de mí, Él habita en mi corazón. Me refugio en Narasimha, el hombre león, el refugio definitivo.

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