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Por qué Shiva cubre Su cuerpo con cenizas

 

En una ocasión, un brahmín comenzó un periodo de tapasya (austeridad), tan severo que hasta los dioses estaban asombrados. Vivía solo en el bosque, sin nada con que vestir ni lugar donde dormir, con sus sentidos bajo absoluto control. Su mente era tan poderosa, que los animales salvajes tales como tigres y panteras le llevaban ofrendas de frutas para que pudiera comer. Tras varios años así, abandonó incluso las frutas, y tan sólo se alimentaba de las hojas de un árbol.

 

Un día, estaba recogiendo algunas hierbas para sus rituales, cuando se cortó la mano con el filo de una hoja. Impresionado, obsevó la herida, y vio que de ella no brotaba sangre humana, sino una especie de savia como la que corre por el interior de las plantas. Tal era su grado de purificación. Pero el orgullo entró en el corazón del brahmín, se sintió ufano y satisfecho de sus hazañas espirituales. Un asceta se le acercó y le preguntó el motivo de su felicidad, a lo cual el brahmín mostró su herida orgulloso. El asceta replicó: “Eres un necio ¿crees que la pureza está en el color de la sangre? La savia no es mas que materia, y cuando es quemada por el fuego se convierte en cenizas”. Diciendo esto, cortó su mano con una hoja, y de la herida no cayó sino ceniza blanca. El asceta no era otro que el Señor Shiva. El brahmín se dio cuenta de su error y se postró ante su Señor.

 

Desde entonces, Shiva cubre su cuerpo con cenizas, para recordar a sus devotos que todo logro material es efímero, y sólo los tesoros espirituales permanecen. Así lo hacen también Sus servidores y devotos, para mantener en mente el mensaje de su Señor.

 

 Shloka:

 

Na jānāmi yogaṃ japaṃ naiva pūjāṃ

 

Nato’haṃ sadā sarvadā deva tubhyam

 

Jarā-janma-duḥkhaugha-tātapyamānam

 

Prabho pāhi śapan-namāmi-iśa-śambho

 

No conozco el Yoga, ni el japa, ni los rituales. Simplemente me postro ante Ti todo el tiempo, a cada momento, oh, Shambho. Protégeme, mi Señor, miserable y afligido como estoy por tanto sufrimiento, gobernado por el nacimiento, la enfermedad y la muerte, ¡oh, Señor Shambho!