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Un sacrificio para Kali

 

 El coco es una parte importante de la ceremonia hindú. Se utiliza tanto en los rituales de fuego como en las ceremonias de adoración. A menudo, colocado sobre una vasija, representa a la Divinidad misma. El coco representa a lo Divino, ya que posee tres ojos, símbolo de la visión espiritual. En las ceremonias más importantes se ofrece un coco a la deidad, que luego, al finalizar el servicio, es quebrado por la mitad. En una conocida historia se explica la razón de tan curiosa costumbre:

 

Un piadoso devoto de la Madre Divina deseaba más que nada en el mundo tocar los pies de Kali Maa, pero no sabía cómo lograr Su visión. Así, fue a un templo, y preguntó al sacerdote. Éste le dijo:

 

 “A la Madre Kali le gusta la sangre. Ella está sedienta de la sangre de Sus devotos, así que para verla, debes hacer un sacrificio humano. Es lo único que La complacerá tanto como para que aparezca ante ti”.

 

El devoto no quería dañar a ningún ser, así que buscó a alguien que quisiera ser sacrificado por voluntad propia. Buscó largo tiempo, sin encontrar, como es obvio, nadie que se sometiera al sacrificio. Así, ya que no había nadie disponible, se tomó a sí mismo como sacrificio. Preparó el fuego sagrado, y se decapitó, vertiendo su sangre en la hoguera.

 

Kali apareció. Colocó la cabeza del devoto de nuevo en su cuello, devolviéndole a la vida. Dijo: “Escucha, oh, hijo Mío. Los hombres han entendido mal los Vedas y los Shastras. La sangre y la muerte no me agradan en absoluto. Hacen sacrificios destruyendo vidas para ofrecérmelas, pero el sacrificio que yo quiero es el sacrificio del ego. A quien debéis matar ante Mi altar es a la arrogancia y al orgullo”.

 

“Di esto a todos. Nunca derraméis sangre por Mí. A partir de hoy, en lugar de la víctima, tomarás un coco, y lo partirás como símbolo de la destrucción del ego”.

 

Kali bendijo al devoto y desapareció. Desde entonces, el coco se rompe ante el altar de Dios, como símbolo de humildad y ofrenda de nuestro ser al Altísimo.

 

 Shloka:

mahāmeghakālī suraktāpi śubhrā

kadācid vicitrāakṛtiryogamāyā

na bālā na vṛddhā na kāmāturāpi

svarupaṁ tvadīyaṁ na vindanti devāḥ

 

Oh, Kali, Tú eres negra como una nube oscura, roja como la sangre fresca, y blanca como el cristal radiante. Tú asumes miles de formas a través de Tu Maya. Tú no eres una niña pequeña, Tú no eres una anciana, Tú no eres una mujer deseable. Tu verdadera forma, ni los dioses pueden comprenderla.