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Acharya, el maestro de la acción

En el contexto del hinduismo y el Yoga se utiliza a menudo la palabra Guru para designar al maestro espiritual. Otra palabra que engloba similar significado, pero menos conocida, es la de Acharya. Si bien en general se le da menor rango al Acharya que al Guru, los términos pueden ser sinónimos, como en el caso de Shankara Acharya o Ramanuja Acharya. Estos grandes Maestros eran Gurus y al tiempo acharyas de la más grande dignidad. Pero revisemos el significado de la palabra:

 

Literalmente, un Acharya es un maestro, alguien que ha dominado por completo un arte o ciencia. Su femenino sería Acharini. Pero si desglosamos el término, vemos que achara en sánscrito significa “conducta”. Siendo el Acharya “Aquel que enseña con su conducta. Esto nos da a entender que el Acharya es aquel que practica lo mismo que enseña. Un erudito puede conocer todos los Vedas de memoria pero sólo a nivel intelectual. El concepto de Acharya requiere que en mayor o menor medida esta enseñanza sea vivida.

 

Según los Agamas Pancharatra, textos tántricos de la tradición vaishnava, hay seis cualidades que debe poseer aquel que sea llamado Acharya:

 

1. Debe ser un estricto seguidor del Dharma Védico. Esto significa que no es sólo un estudioso del Dharma y los Vedas. Los Vedas viven a través del Acharya, porque el Acharya vive los Vedas. Esto es lo que hace que, sea cual sea su grado de realización, sus enseñanzas sean auténticas. Esto es así porque uno no puede enseñar verdaderamente algo en lo que no cree. Por lo tanto el Acharya debe ser un fiel seguidor de la doctrina védica.

 

2. Debe tener una fe indestructible en Dios. En las distintas tradiciones hindúes hay múltiples y muy variados conceptos de la Divinidad. Para algunos, Dios es la Conciencia indiferenciada, pura, libre de toda limitación, y para otros es el Dios personal, lleno de cualidades auspiciosas, todo-penetrante, amoroso y sabio. Otros más, presentan un doble aspecto de la Divinidad, tanto personal como impersonal. Cómo conciba uno a la Realidad Absoluta depende de su linaje espiritual y creencias personales. Sin embargo, la confianza absoluta en esta Realidad debe ser profunda en el Acharya, a fin de mantenrse firme en la enseñanza.

 

3. Debe estar libre de egoísmo. En rigor sólo los maestros perfectos, los Satgurus, están libres por completo de egoísmo. No obstante, el Acharya debe tener un carácter desinteresado. Debe enseñar sólo por amor al Dharma. Esto es así, porque si enseña por un deseo de lucro, enriquecimiento o fama, se verá tentado a variar la enseñanza según le convenga, para contentar al estudiante y que de esta forma siga pagándole. No hay nada de malo, desde luego, en recibir uno shonorarios por la enseñanza, ya que el primer deber es mantener el cuerpo, pero el motivo principal debe ser la expansión de la Enseñanza.

 

4. Debe conocer los mantras y su significado. El mantra es la forma más viva de experienciar la Enseñanza. La filosofía es muy importante, pero estudiándola demasiado, uno corre el peligro de volverse un teórico lleno de conocimientos intelectuales, pero sin experiencia. La vibración del mantra nos da una experiencia de Aquello que está más allá de la mente. Su significado no es literal sino que se revela por medio de la repetición constante, incluso si uno no conoce el idioma de dicho mantra. Así, el Acharya debe ser experto en esta ciencia del sonido.

 

5. Debe ser capaz de explicar el significado de las Escrituras. He aquí el otro aspecto del Acharya, el teórico. Muchas personas se acercarán al Acharya buscando conocer la Enseñanza. Él debe tener un conocimiento alto de la Escritura y saber adaptarlo a cada caso. Hay personas de mente elevada que necesitan una profunda explicación de las Enseñanzas, y otras más superficiales que en este momento no comprenderían el significado último y se les debe explicar un significado más relativo. El Acharya sabrá discernir entre ellos y enseñar apropiadamente a cada uno.

 

6. Debe ser desapegado. Está ampliamente permitido para un maestro casarse, tner familia y hacer vida social, pero debe mantener en su mente la idea del desapasionameinto de las cosas mundanas. Esto le ayudará a permanecer con la mente presente en la Escritura y el Dharma, y no dejarse engañar por los fuegos artificiales de la mundanidad.

 

El discípulo inteligente comprobará antes de aceptar definitivamente al Acharya, que éste despliega las cualidades antes mencionadas. Después de esto, al aceptarlo totalmente, seguirá sus enseñanzas,, considerándolo como un rayo de la Misericordia Divina. De este modo, al concluir la enseñanza, sea cual sea el tiempo de duración, el discípulo se habrá convertido asimismo en Acharya.

 

Shloka:

 

Om Namo Gurubhyo Gurupādukābhyo

Namah Parebhyah Parapādukābhyah

Ācārya Siddheśvara Pādakābhyo

Namo Namah Śrī Guru Pādukābhyah

 

¡Om! Salutaciones al Guru, a las sandalias del Guru, salutaciones al Supremo, a sus supremas sandalias, sautaciones a las sandaias del Acharya, y al Señor de los perfectos. Salutaciones, una y otra vez, a las andalias de Sri Guru.

 

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