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El devoto más grande

En el Cielo, Narada, el sabio celestial, preguntó a Narayana, el Señor Vishnu:

 

“Oh, Narayana, de todos Tus devotos, de todos quienes te adoran ¿quién es el más grande, el mayor devoto?”

 

Narada escondía el secreto deseo de que Vishnu respondiese: “Tú, Narada”. Y no se equivocaría mucho. Narada viaja por todos los mundos, cantando el nombre de Dios sin cesar: Om Namo Narayanaya, Om Namo Narayanaya. Pero el Señor Vishnu ve en los corazones de todos. Vishnu respondió:

 

“Mira, Narada, allí en la tierra. ¿Ves aquella pequeña granja? Allí mora Mi mayor devoto, el más amado por Mí”.

 

Narada se quedó perplejo ante tal afirmación. Debía ir a conocer a tan gran devoto. Bajó a la tierra, a la pequeña granja. Allí vivía un cultivador con su familia. Trabajaba duramente durante todo el día arando los campos. Narada se acercó a él. El granjero se postró a sus pies, pero Narada lo levantó con gran respeto. Narada, honrado como invitado de honor en la humilde casa del granjero, preguntó: “Oh, Señor, he oído que es usted un gran devoto. Quisiera saber qué prácticas espirituales realiza durante el día”.

 

El granjero respondió: “Señor, no soy ningún santo. Todo lo que hago durante el día es arar el campo para alimentar a mi familia. Todo lo que hago para Dios es repetir Su nombre tres veces al levantarme de la cama y tres veces al acostarme: “Narayana, Narayana, Narayana”.

 

Narada se marchó de allí confundido ¿Cómo era posible que alguien que al cabo del día sólo repetía seis veces el nombre de Dios fuese más santo que él, que lo repetía constantemente?

 

Narada regresó al lado de Vishnu, y le dijo:”Señor, debe de haber un error. ¿Cómo éste buen hombre puede ser el más grande devoto?” Por toda respuesta, Narayana le dijo: “Toma una vasija con agua llena hasta el borde, y llévala alrededor del mundo sobre tu cabeza sin derramar una sola gota”.

Narada obedeció diligentemente, pues no había nada más importante para él que cumplir el deseo del Señor. Con sumo cuidado y extrema concentración, llevó el vaso alrededor del planeta sin derramar ni un poco del agua. Al regresar, Narayana le preguntó:

 

“Dime, Narada, ¿Cuántas veces repetiste Mi nombre mientras cumplías mi encargo?”

 

Narada respondió: “Ninguna, Señor ¿cómo podía hacerlo? ¡Estaba ocupado cuidando en no derramar nada de la vasija!”

 

“Entonces” respondió Vishnu “ve qué gran devoto es el Mío, que a pesar de trabajar tan duramente con la pesada carga de mantener a su familia durante todo el día y sin descanso, tiene aún tiempo para repetir Mi nombre tres veces al amanecer y tres al anochecer”.

 

Narada entendió que el Señor no ve como nosotros ni juzga en base al aspecto externo, sino que ve en el corazón de cada alma y la recompensa según su verdadera fe y devoción.

 

Shloka:

Namas tubhyaṁ sureśāya

viṣṇave prabhaviṣṇave

puruṣāya purāṇāya

nirguṇāya guṇāya ca

 

¡Te rindo homenaje, señor de todos los dioses! ¡Oh, Vishnu, el poderoso supremo, el Espíritu original! Sin cualidades y a la vez con todas las cualidades eternas