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Un grano de arroz para todos

Según el Mahabharata, los príncipes Pandavas y su esposa Draupadi habían sido desterrados por el malvado rey Duryodhana. Duryodhana odiaba a los Pandavas porque eran virtuosos y temía que tomasen su reino, y por medio de una treta les obligó a vivir en el bosque como ascetas. Sin embargo, no contento con esto, hacía todo lo posible por perjudicarlos.

 

En una ocasión, el sabio Durvasas y sus discípulos fueron a ver a Duryodhana, y éste les sugirió que fueran también al bosque a visitar a los Pandavas. El rey sabía muy bien por qué hacia esto. Durvasas era un sabio muy iracundo, y su poder era ilimitado. Tenía fama de arrojar maldiciones sobre aquellos que cometieran contra él siquiera la más ligera ofensa. Por eso Duryodhana, pensó que los Pandavas no tendrían recursos suficientes para ofrecerle el debido respeto, y con gran seguridad, el sabio los maldeciría. Después de todo, Durvasas tenía cientos de discípulos ¿Cómo podrían darles de comer?

 

Durvasas llagó a la ermita de los Pandavas. Estos se postraron a sus pies de inmediato. Durvasas dijo: “como se acerca el mediodía, voy con mis discípulos al río a llevar a cabo las oraciones diarias al Sol. Después, vendremos a comer con vosotros”, y así marcharon al río. Durante el tiempo de su exilio, los Pandavas se nutrían gracias a una divina vasija llamada Akshaya Patra. Esta vasija era una fuente inagotable de alimento que había sido regalada a los Pandavas por Surya, el Dios del Sol, sin embargo había un problema. La vasija era una fuente inagotable de comida, pero en el momento que Draupadi hubiese terminado de comer, la vasija quedaba vacía hasta la próxima comida. Todos los días los cinco hermanos comían hasta saciarse y despu´´es lo hacía Draupadi. Entonces la vasija quedaba vacía. Por desgracia, cuando Durvasas llegó, Draupadi acababa de terminar su almuerzo. Los Pandavas estaban aterrados. “¡Ay!” Les dijo Draupadi “No queda nada en la vasija. No tenemos nada que ofrecer a Durvasas y seguramente nos maldecirá. Esto debe ser por arreglo del cruel Duryodhana” . Los príncipes no sabían qué hacer. Entonces llegó Sri Krishna, el Señor.

 

Todos se alegraron de ver a Krishna, y le contaron lo que sucedía. Krishna dijo: “¿Seguro que no hay nada en la vasija? Draupadi, revisa otra vez, estoy seguro de que algo debe quedar”. Krishna no se equivocaba: había un grano de arroz. Era todo lo que quedaba. Krishna tomó el grano de arroz y se lo comió. En ese momento, en el río, Durvasas y sus discípulos se sintieron inmediatamente saciados. Sentían que no podían comer ni un poco. Temieron con ello no poder aceptar la hospitalidad de los príncipes, cosa que va contra la etiqueta védica, así que se marcharon sin pasar por su ermita.

 

Así Krishna salvó a los Pandavas de Durvasas y las maquinaciones de Duryodhana. Cuando Dios está satisfecho, todo el universo se complace. Cuando se ofrece cualquier cosa a la Divinidad, todos los seres se benefician. Del mismo modo que al regar la raíz de un árbol, todas las ramas se ven nutridas, por ofrecer nuestras vidas al Señor Supremo, servimos con ello a toda la humanidad. Esta es la hermosa moraleja de la historia.

 

Shloka:

sarvasya cāhaṁ hṛdi sanniviṣṭo

mattaḥ smṛtir jñānam apohanaṁ ca

vedaiś ca sarvair aham eva vedyo

vedānta-kṛd veda-vid eva cāham

 

Sentado estoy en el corazón de todos, y de Mí proceden el recuerdo, el conocimiento y el olvido. Soy, en verdad, aquello que hay que conocer, el compilador del Vedanta y el conocedor de los Vedas.